3 d’oct. 2017

See you later 3




Las cuatro ruedas rechinan al correr veloces sobre el asfalto enarenado. El cláxon y su sirena excitada penden bajo un letrero luminoso mientras un hombre sentado en el reservado de un árbol propiedad de algunos perros , vestido con pantalón negro lleno de roturas , le da a la pista deslizante de su móvil mientras se arquea y escupe.  Otro hombre, tocado con gorra que trae levantada  la visera, se lo coge en rápido ademán y se enfunda aún más adentro su cabeza mientras lo ve abandonar su silla, lento, mirando el guardia y mirando luego la orilla de grises bocas que ensordecen con sus cánticos patrióticos el poco silencio que ansia desde siempre..
-Reventarás de una vez! Veinticinco años diciendo lo mismo..Maldita tu muerte!
Se acerca al contenedor de basuras renqueando una pierna, se friega su sudor que pende sobre el labio, escupe i se lamenta:
-Que hecho yo para merecer esta vida?
Y unos que se besan, lo miran y le van diciendo obscenidades, a este y al hombre de la gorra, y de la pierna con defensa que mira con desprecio al grupo de mujeres viejas, las de izquierdas, las señoras que han perdido su sentido común en una sesión de Gestalt.
Se las vuelve a mirar y se coloca detrás de un escaparate lleno de alpargatas, quizás más bien de zapatos de salón que absorben las miradas de los paseantes.
Está en Vía Layetana. Va abriendo las puertas de su mano y la gente que desciende, lo abraza. Algunos le guiñan el ojo y la mirada se le va a una viajera de generosos senos que le responde con un tirón de orejas, le sube al estribo, toca una a una sus brazos y sus piernas y le besa.

Si llegara a Santa María del mar antes de las 10:00, seguro que la vería. Y camina.